“Yo tengo una inseguridad total, no tengo nada que me pertenezca, no tengo un techo propio, no tengo un trabajo que me dé un sueldo fijo”, expresó la denunciante, quien actualmente vive en Chaco y trabaja dando clases de Pilates.

Kirstein sostuvo que una eventual condena no resolverá por sí sola las dificultades económicas que atraviesa junto a sus dos hijas. Por eso, reclamó que la asistencia no se limite al tiempo que dura el proceso judicial, sino que continúe después de la sentencia.

Uno de sus principales cuestionamientos apuntó a las promesas de ayuda que recibió cuando su denuncia tomó estado público. Según relató, pidió una oportunidad laboral y nunca obtuvo una respuesta concreta.

“Yo siempre lo único que pedí fue que me dieran un trabajo. No pedía que me regalaran nada, que me dieran un trabajo”, afirmó.

La mujer también recordó la dificultad que le representó declarar por videoconferencia durante el juicio y volver a relatar situaciones que, según su testimonio, vivió durante la relación. Además, describió presuntas amenazas vinculadas con sus hijas y aseguró haber encontrado un dispositivo que registraba conversaciones dentro de su vivienda sin su conocimiento.

El proceso judicial comenzó más de cuatro años después de la denuncia. El tribunal deberá determinar si corresponde condenar a Guzmán por lesiones graves agravadas por el vínculo. El acusado negó las agresiones durante la investigación y optó por no declarar en el debate.

La causa llegó a juicio limitada a uno de los hechos denunciados, luego de que otros dos episodios fueran declarados prescriptos por el transcurso del tiempo.

Mientras espera la resolución judicial, Kirstein insistió en que la respuesta debe contemplar también las condiciones de vida de quienes atraviesan estos procesos.